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Podría decirse que a donde quiera que vaya y juegue, el drama persigue a la francesa Alize Cornet, pero técnicamente, el error radica en afirmar que Cornet y el drama son dos entes separados cuando en realidad son uno mismo.

Caminan juntos, de la mano, de país en país y torneo en torneo, y prueba de ello ocurrió este día en el partido de segunda ronda ante la alemana Tatjana Maria en Roland Garros.

Cornet y Maria se repartieron los primeros dos sets, forzando al definitivo y el cual incluyó giros inesperados, rompimientos y volteretas. Al inicio, Cornet, cuyo apellido bien podría tener como significado “lágrimas dramáticas” en el diccionario, comenzó a acalambrarse. Y como esto es algo que ya había ocurrido antes, muchos se mostraron escépticos al principio, pero esta vez parecían calambres legales. Cornet se estaba quedando inmóvil como LeBron James lo hace en los momentos cruciales.

Por los calambres, Cornet no podía solicitar asistencia médica (es contra las reglas). Sin embargo, la gala intentó todos los trucos para que su entrenador la asistiera a lo largo del tercer set durante los cambios, incluso solicitando oficialmente tratamiento en una pierna mientras le decía a su asistente que trabajara en la otra.

A estas alturas, Maria estaba más que enfurecida y al borde del llanto, pidiendo al juez que le diera una advertencia a Cornet, la cual justamente merecía. Y es que una cosa es recibir unas bolsas de sal por parte del entrenador y otra es recibir terapia física entre los juegos del set. Pero caminar y jugar como si se hubiera corrido un maratón es excesivo. Después, conforme el set progresó, Cornet parecía más sana que nada y fue cuando todos retomaron las sospechas iniciales: los calambres fueron fingidos.

Normalmente, cuando un jugador sufre calambres, éste no se puede mover antes, durante o después de los puntos. Los “calambres” de Cornet aparecieron coincidentemente tras un punto y no en ningún otro momento del partido. Con 5-4 a favor, Cornet ganó el partido rompiendo el servicio de Maria.

Cornet cayó al suelo, se ensució, se llevó las manos al corazón y agradeció al público por los aplausos… y abucheos.

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