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A primera vista, Stan Wawrinka parece más un jugador de hockey o futbol que tenista. Espalda ancha, hombros gruesos, pecho erguido, barba de semanas y apariencia ruda. Sí, Stan es fuerte, pero sobre todo, es impredecible. Le gusta señalar su cabeza con el dedo índice durante los partidos. Lo hace porque sabe que si mantiene su mente limpia y el revés afinado, puede derrotar a quien sea, donde sea.

Una vez más, Wawrinka jugó de forma excepcional en otra final de Grand Slam. El partido por el título del US Open lo citó con Novak Djokovic, y tras casi cuatro horas de batalla, el suizo se impuso al serbio 6-7(1), 6-4, 7-5, 6-3. El número uno mundial volvía a perder frente al jugador que lo sorprendió en los cuartos de final del Australian Open 2014 y que eventualmente se llevó el título. Año y medio después, en la final de Roland Garros, Stan le propinó una de las derrotas más dolorosas al “hombre imbatible” y extendió, por un año más, la maldición de Novak en París. Curiosamente, en los tres partidos, el suizo perdió el primer set, pero para su entrenador Magnus Norman, no hay necesidad de preocuparse.

“Sé que él siempre vendrá de atrás”, afirma Norman. “Stan tiene más de una vida en cinco sets”.

Luego de un lento comienzo en la final del domingo, Wawrinka, tercer sembrado, castigó a Djokovic con potentes servicios, derechazos profundos y el revés a una mano que provoca los celos de Pete Sampras y ha sido catalogado como el mejor del mundo. Ni siquiera un tiempo fuera por una atención médica, en la más vieja de las costumbres de Djokovic, pudo desequilibrar al de Lausana. Wawrinka lideraba 3-1 en el cuarto set cuando su rival se sentó en el banquillo, se quitó los calcetines y pidió la asistencia para vendar su ensangrentada uña rota. Por obvias razones, Wawrinka estaba molesto. Se quejó con el juez de silla. Djokovic le pidió disculpas: “Stan, Stan, lo siento”. Stan siguió en lo suyo y encaminó las acciones hacia lo inevitable. En el último juego, remontó un 0-30. A estas alturas llevaba 14 ‘break points’ salvados en el partido, pero no habría necesidad de uno más. Djokovic erró su devolución en el punto final.

“Mentalmente, Novak es una bestia”, declaró Wawrinka. “Ese es el mayor reto cuando hay que enfrentarlo”.

Wawrinka es un diamante que tardó en encontrar su brillo. Hoy con 31 años, ganó su primer Grand Slam a los 28. Djokovic, de 29 años, es un campeón consagrado, siempre en finales, con 12 ‘majors’ en su palmarés y con la meta de batir todos los récords posibles, incluyendo los 17 títulos de Roger Federer. Wawrinka, por su parte, es impredecible en la cancha, rebelde y desordenado fuera de ella. Fumador por gusto y adicto a Snapchat, “Wawa” destruye raquetas, arroja toallas, muñequeras y playeras sudadas a su silla… Un dolor de cabeza para los obsesivos del orden y la limpieza.

En la tercera ronda del último Grand Slam de la temporada, Wawrinka estuvo a nada de despedirse de Nueva York cuando enfrentó punto para partido ante el británico Daniel Evans. Sin embargo, el esplendor de Wawrinka no se caracteriza por aparecer en las primeras rondas de los torneos. Necesita tiempo para asentarse, confiar en su juego y afinar la maquinaria. Una vez que cruza el umbral hacia las últimas instancias, se transforma. No por nada tiene marca de 11-0 en las últimas finales que ha disputado. Entre más largo y tardío sea el partido, mejor jugará. En su carrera, increíblemente, se encuentra 0-15 ante los jugadores número uno (Federer, Djokovic y Nadal) en partidos a tres sets y 0-4 en torneos Grand Slam durante etapas previas a la final. Pero en las finales de estos torneos, ahora tiene marca de 3-0 ante los grandes rivales. Una victoria sobre Nadal y dos sobre Djokovic. Aquella victoria de 2015 en París frente a Djokovic en cuatro sets fue, sin objeción alguna, uno de los mejores partidos jugados por un tenista no apellidado Federer, Nadal, Djokovic o Murray. “Juega mejor en los grandes partidos”, aseveró Djokovic. “Tiene más coraje”.

De acuerdo a la estadística, los jugadores con revés a una mano son vulnerables al “topspin” de alto bote. Wawrinka es la excepción. Sus golpes detrás de la línea dejan estelas de humo. “Nadie más puede hacer lo que él ejecuta con una mano”, dijo el retirado James Blake durante su análisis para CNN. “Es un tenista con mucha fortaleza”.

El revés que todo el mundo admira comenzó a funcionar en el segundo set. Conforme golpeaba más fuerte y profundo, Djokovic hizo gala de su elasticidad sobre la línea de base para mantener la pelota en juego. Wawrinka ganó el segundo parcial tras quebrar el servicio de Djokovic en el último juego y repitió la dosis en el tercero. Para las acciones del cuarto set, Wawrinka lucía con energía para jugar por otras tres horas de ser necesario, mientras que Djokovic parecía que acababa de correr el maratón de Nueva York. En el segundo game del último set, el serbio se agarró la pierna izquierda denotando cansancio y la exigencia de la batalla. Wawrinka quebró y en el siguiente cambio, Novak se sentó colocando hielo en su dolida pierna. Los siguientes tratamientos sobre sus dedos ayudaron un poco, pero no había forma de detener a Wawrinka.

Djokovic ganó los primeros dos Grand Slam del año: Australia y Roland Garros, pero el verano que suponía consagrarlo en la historia, jugó en su contra. Sorpresivamente, perdió en las primeras rondas de Wimbledon ante el estadunidense Sam Querrey dejando vacante el trono que defendía. Sin dar detalles, argumentó problemas personales que debía trabajar. Después, problemas en la muñeca y la mala fortuna de jugar contra quien nadie quería enfrentar en la primera ronda, el argentino Juan Martín del Potro, impidieron la medalla dorada que todos le auguraban en los Juegos Olímpicos. Poco juego antes del US Open y poco juego ya en el torneo bastaron para que el número uno se instalara en una nueva final.

Previo al partido decisivo, el serbio afirmó que el descanso le había servido y que llegaba en su pico a la final. Ahora bien, Djokovic “en su pico” es equivalente a “invencible” porque en realidad no hay nadie que pueda derrotarlo en esta modalidad, excepto Wawrinka.

“Stan tiene la habilidad de sacar a cualquiera de la cancha si se lo propone mentalmente”, agregó Blake. “Las personas juegan mejor cuando tienen un plan claro y no tienen dudas al respecto”.

Ahora, Wawrinka tiene marca de 5-19 frente a Djokovic a lo largo de su carrera. Puede que nunca le dé la vuelta, pero siendo él, eso jamás le importará. Cuando haya que hacer cuentas, su palmarés indicará un título en Australia, uno en Roland Garros, un US Open, una Copa Davis, una medalla de oro en dobles y por si fuera poco, el título de Montecarlo, el único Masters 1000 que falta en el palmarés de su amigo y compatriota Roger Federer

Cuando haya que hacer cuentas, no habrá forma de reclamarle algo a “Stan the Man”.

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